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Sobre la neurosis histérica y el caso «Dora» Por Mario Federico Blanc

 





El objetivo de este texto es presentar el recorrido freudiano sobre la histeria.  Digo presentar en el particular sentido de cuando uno está por colgar un cuadro y antes de poner el clavo “lo presenta” al cuadro en el lugar de la pared donde estaría correcto o a gusto o no torcido. En ese momento, en que el cuadro está sostenido por un sujeto y el clavo no esta clavado, ese momento de prueba, de ensayo –y de error-, en ese momento donde por lo general hay otro sujeto que ve el proceso, que sanciona realmente –porque está en posición de hacerlo- si lo que se hace es correcto o no, si correspondería en ese lugar o no, ese es el que pretendo imitar aquí. Ojalá valga la imagen para presentar este  cuadro clínico que lleva por nombre histeria.
He dividido esta presentación en tres partes. En la primera de ellas me pregunto ¿Con qué oreja fue Freud a escuchar a la joven Dora? ¿Por donde andaba? ¿qué influencias teóricas lo circundaban en ese momento de su carrera? En segundo lugar, está la discusión clínica, tantas veces retomada sobre el caso Dora. Y por último, en la tercera parte es donde me sincero y digo que en realidad, yo quería hablar de «la histeria», y que si es que acaso se puede hablar de ella, no puede hacérselo desde otro lugar que desde la singularidad, y que por eso es que había tomado el caso Dora.



Parte 1

La histeria y el recorrido freudiano sobre las neurosis

En un primer momento, Freud busca -a partir de sus estudios con Charcot y otros estudios- las conexiones entre la neurosis y lo orgánico, particularmente en relación a la histeria. Freud estuvo 6 meses en Paris y otro lapso en Berlín y sobre ello escribió un artículo donde relataba estas conexiones. “…una serie de signos distintivos somáticos (carácter del ataque, anestesia, perturbaciones del sentido de la vista, puntos histerógenos, etc.), que permitían establecer con certeza el diagnóstico de histeria sobre la base de rasgos positivos”[1]. En este momento Freud se encuentra seducido por el hipnotismo y la sugestión, cuyos efectos en el tratamiento de la histeria parecen ser sorprendentes. El joven Freud admira la vitalidad de Charcot, quien en ese momento, le ha dado la espalda a las enfermedades nerviosas para dedicarse enteramente al estudio de la neurosis, particularmente de la histeria. Por esos tiempos, Freud traduce del francés al alemán un libro de Charcot «Leçons sur les maladies du système nerveux, Tome troisième» y Freud escribe el prólogo. Influenciado por Charcot Freud publica un caso de histeria masculina en donde aplica los conocimientos adquiridos en Paris y en Berlín y a la edad de 32 años en un texto denominado “Histeria”, de 1888 define a la neurosis como una afección que prescinde alteraciones orgánicas (esto es, el plano netamente psicológico) o que al menos esas conexiones aún no se han hallado. Se cuestiona  allí sobre estas conexiones entre la sintomatología histérica y lo orgánico, yéndolas a buscar hasta el fondo de sus elucidaciones y sin llegar a consideraciones que lo conformen. Dice ahí Freud: “…las neurosis no crean nada nuevo, sino que sólo desarrollan y exageran unas relaciones fisiológicas[2]. Aquí vincula Freud la histeria con la neurastenia, dato de que sigue pegado a la cuestión fisiológica. En los fenómenos de hemianestesia, Freud comienza a observar los fenómenos sugestivos en el origen de la sintomatología histérica, razón por la cual ve en la hipnosis, como lo viera Charcot, su cura. A la vez se advierte la conexión de la neurosis con componentes sexuales. En el manuscrito A que Freud le envía a Fiess se lee la pregunta “¿Proviene la angustia de las neurosis de angustia de la inhibición de la función sexual o de la angustia conectada con la etiología?” Y Freud mismo se responde: “No existe ninguna neurastenia o neurosis análoga sin perturbación de la función sexual[3].
Aparece entonces la primera tentativa de clasificación de las neurosis en una carta a Fliess (Manuscrito D), en lo que es, según dice, su propia línea de desarrollo, su morfología de las neurosis, según se expresa en ese momento:

1. Neurastenia y seudoneurastenias
2. Neurosis de angustia
3. Neurosis obsesiva
4. Histeria
5. Melancolía, manía
6. Las neurosis mixtas
7. Estados emisarios, de salida de las neurosis, y transiciones a lo normal[4]

Con la honestidad que lo caracteriza, un Freud lleno de lagunas dice que tiene pocas cosas claras hasta el momento acerca delas neurosis. “…me aproximo a un panorama de conjunto y a unos puntos de vista generales. Tengo noticia de tres mecanismos: el de la mudanza de afecto (histeria de conversión), el del desplazamiento de afecto (representaciones obsesivas), y 3) el de la permutación de afecto (neurosis de angustia y melancolía). En todos los casos debe haber una excitación sexual que ingrese en esas trasposiciones, pero el envión hacia ello no se sitúa en todos los casos dentro de lo sexual; es decir, en todos los casos en que las neurosis son adquiridas, lo son por perturbaciones de la vida sexual, pero hay gente con una conducta hereditariamente perturbada de los afectos sexuales, que desarrollan las formas correspondientes de las neurosis hereditarias. Los puntos de vista más generales bajo los cuales puedo situar a las neurosis son los cuatro siguientes: degeneración,  senilidad. ¿Qué significa esto?, conflicto, conflagración”. Introduce así la cuestión de las neurosis adquiridas –que no vuelve a retomar-, siempre con un trasfondo sexual. Comienzan los desarrollos sobre las neurosis de angustia, vinculada primera a la histeria y luego a la melancolía, hasta que finalmente llega el Manuscrito K donde Freud vuelve a ordenar la cosa. Allí Freud Habla de neurosis de defensa, en el sentido de que todas ellas se estructuran en función de la defensa que opone el individuo contra la intromisión de lo traumático en la vida anímica. “Existe una tendencia defensiva normal, o sea, la repugnancia a guiar la energía psíquica de suerte que genere displacer. Esta tendencia, que se entrama con las constelaciones más fundamentales del mecanismo psíquico (ley de la constancia), no puede ser vuelta contra percepciones, pues estas saben conquistarse atención (atestiguada por conciencia); sólo cuenta contra recuerdo y representaciones de pensar. Es inocua toda vez que se trate de representaciones que en su tiempo estuvieron enlazadas con displacer, pero son incapaces de cobrar un displacer actual (diverso del recordado); y en este caso, por otra parte, puede ser superada por un interés psíquico[5]. En este texto emblemático Freud dice: “La trayectoria de la enfermedad en las neurosis de represión es en general siempre la misma. 1) La vivencia sexual (o la serie de ellas) prematura, traumática, que ha de reprimirse. 2) Su represión a raíz de una ocasión posterior que despierta su recuerdo, y así lleva a la formación de un síntoma primario. 3) Un estadio de defensa lograda, que se asemeja a la salud salvo en la existencia del síntoma primario. 4) El estadio en que las representaciones reprimidas retornan, y en la lucha entre estas y el yo forman síntomas nuevos, los de la enfermedad propiamente dicha; o sea, un estadio de nivelación, de avasallamiento o de curación deforme”. Y luego agrega: “…las diferencias principales entre las diversas neurosis se muestran en el modo en que las representaciones reprimidas retornan; otras se muestran en el modo de la formación de síntoma v del decurso. El carácter específico de las diversas neurosis reside, empero, en cómo es llevada a cabo la represión”. Es aquí, en el año 1896 en donde encontramos representado el mecanismo de la represión como aquel que es capaz de explicar el procedimiento por medio del cual aquello que ha sido “sofocado” vuelve en el sujeto. Es la primera vez en la obra de Freud, según cuenta James Strachey, que aparece el concepto psicoanalítico de “retorno de lo reprimido” Más adelante dirá como se produce, a propósito de la formación de síntomas; sin embargo, hasta aquí, concebirá a los mismos como “formaciones de compromiso”, concepto que se mantendrá hasta el final de su obra. Además, aquí vemos que existe ya la relación entre la búsqueda de placer y la pérdida de placer. Freud comienza a pensar la neurosis en términos económicos.
En la carta 61, Freud le dice a su amigo Wilhem Fliess: “…las tres neurosis -histeria, neurosis de angustia y paranoia- muestran los mismos elementos (junto a idéntica etiología), a saber: fragmentos mnémicos, impulsos (derivados del recuerdo) y poetizaciones protectoras; pero la irrupción hasta la conciencia, la formación de compromiso (y por tanto de síntoma), acontece en ellas en lugares diferentes; lo que bajo una desfiguración de compromiso penetra en lo normal son, en la histeria, los recuerdos, en la neurosis obsesiva, los impulsos perversos, en la paranoia, las poetizaciones protectoras (fantasías)[6]. Freud busca las raíces de la neurosis en la infancia pero encuentra diferencias en cuanto a la etiología en sus tipos y determinaciones. Pero está claro, está en la infancia: se trata del trauma infantil. A la vez piensa la neurosis en términos económicos, de carga u descarga de tensiones. Si bien aún no desarrollada del todo, Freud postula la líbido como concepto energético.
Primer escollo: algo anda mal en la teoría delas neurosis. Freud dice “…quiero confiarte [a Fliess] el gran secreto que poco a poco se me fue trasluciendo en las últimas semanas. Ya no creo más en mi «neurótica». Claro que esto no se comprendería sin una explicación: tú mismo hallaste creíble cuanto pude contarte. Por eso he de presentarte históricamente los motivos de mi descreimiento. Las continuas desilusiones en los intentos de llevar mi análisis a su consumación efectiva, la deserción de la gente que durante un tiempo parecía mejor pillada, la demora del éxito pleno con que yo había contado y la posibilidad de explicarme los éxitos parciales de otro modo, de la manera habitual: he ahí el primer grupo {de motivos}. Después, la sorpresa de que en todos los casos el padre hubiera de ser inculpado como perverso, sin excluir a mi propio padre, la intelección de la inesperada frecuencia de la histeria, en todos cuyos casos debiera observarse idéntica condición, cuando es poco probable que la perversión contra niños esté difundida hasta ese punto. (La perversión tendría que ser inconmensurablemente más frecuente que la histeria, pues la enfermedad sólo sobreviene cuando los sucesos se han acumulado y se suma un factor que debilita a la defensa). En tercer lugar, la intelección cierta de que en lo inconciente no existe un signo de realidad, de suerte que no se puede distinguir la verdad de la ficción investida con afecto. (Según esto, quedaría una solución: la fantasía sexual se adueña casi siempre del tema de los padres.) En cuarto lugar, la reflexión de que en las psicosis más profundas el recuerdo inconciente no se abre paso, de suerte que el secreto de las vivencias infantiles no se trasluce ni en el delirio {Delirium} más confundido. Y viendo así que lo inconciente nunca supera la resistencia de lo conciente, se hunde también la expectativa de que en la cura se podría ir en sentido inverso hasta el completo domeñamiento ... de lo inconciente por lo conciente[7]. ¿Qué es lo que se cae acá, qué es lo que no va más? Es un descubrimiento. Freud, en plena transferencia con Fliess[8], hace derrumba parte de su propio edificio sobre la teoría de las neurosis. Sin embargo, Freud aquí ratifica que la etiología de las neurosis en la infancia. “Ahora no sé dónde estoy, pues no he alcanzado la inteligencia teórica de la represión y su juego de fuerzas[9]. Freud se asume aquí desconocedor y dice, “no estoy cansado, es lo contrario”. Entonces hace una división: separa lo que produce angustia de lo que produce libido.
[Habría que explicar un poco sobre la representación palabra y todo eso…]
Ya en los “Estudios sobre la histeria” Freud llama a la “histeria” como neurosis traumática, es decir, perfecciona la teoría del trauma: ·…[unas] observaciones parecen demostrarnos la analogía patógena entre la histeria corriente y la neurosis traumática, y justificar una extensión del concepto de «histeria traumática». En el caso de la neurosis traumática, la causa eficiente de la enfermedad no es la ínfima lesión corporal; lo es, en cambio, el afecto de horror, el trauma psíquico. Análogamente, nuestras pesquisas averiguaron para muchos síntomas histéricos, si no para los más, unas ocasiones que es preciso designar «traumas psíquicos». En calidad de tal obrará toda vivencia que suscite los afectos penosos del horror, la angustia, la vergüenza, el dolor psíquico; y, desde luego, de la sensibilidad de la persona afectada (así como de otra condición, que mencionaremos más adelante) dependerá que la vivencia se haga valer como trauma”[10]. Sobrevienen entonces los casos clínicos: el caso de Anna O, Emmy Von N, Elisabeth Von R, Katharina, etc. Aquí ya Freud habla en términos pulsionales: “… la pulsión sexual es por cierto la fuente más poderosa de aumentos de excitación persistentes (Y, como tal, de neurosis); este acrecentamiento de excitación se distribuye de manera en extremo despareja por el sistema nervioso. En sus grados máximos de intensidad, el decurso de la representación es perturbado, y cambiado el valor relativo de las representaciones; en el orgasmo del acto sexual, el pensar se borra casi por completo[11]. Algunos datos risibles, como por ejemplo cuando Freud dice “No creo exagerar si asevero que en las mujeres casadas la gran mayoría de las neurosis graves proviene del lecho conyugal[12]”. Luego Freud intenta separarse de las consideraciones de Breuer separando lo que él (Freud) considera que es una neurosis: “…sería injusto que yo pretendiera cargar a mi estimado amigo Josef Breuer con una excesiva responsabilidad por el desarrollo que he mencionado. Por eso ofrezco las elucidaciones siguientes en mí propio nombre, predominantemente.
Cuando intenté aplicar a una serie mayor de enfermos el método de Breuer para la curación de síntomas histéricos por vía de busca y abreacción en la hipnosis, tropecé con dos dificultades, persiguiendo las cuales di en modificar tanto la técnica como la concepción. 1) No eran hipnotizables todas las personas que mostraban síntomas inequívocamente histéricos y en las cuales, con toda probabilidad, reinaba el mismo mecanismo psíquico. 2) Debí tomar posición frente al problema de saber qué, en verdad, caracterizaba a la histeria y la deslindaba de las otras neurosis.
Pospongo para luego comunicar cómo dominé la primera dificultad y qué aprendí de ella. Comenzaré detallando la posición que en la práctica cotidiana tomé frente al segundo problema. Es muy difícil penetrar de una manera acertada un caso de neurosis antes de someterlo a un análisis profundo; o sea un análisis como sólo se lo obtiene aplicando el método de Breuer. Pero la decisión acerca del diagnóstico y la variedad de terapia debe tomarse antes de disponer de esa noticia en profundidad. No me quedaba otro camino, pues, que escoger para el método catártico aquellos casos que era posible diagnosticar provisionalmente como de histeria porque presentaban unos pocos o muchos de los estigmas o síntomas característicos de ella. Y luego me sucedía a menudo obtener pobrísimos resultados terapéuticos a pesar de ese diagnóstico de histeria, pues ni siquiera el análisis sacaba a la luz nada sustantivo. Otras veces intenté tratar con el método de Breuer unas neurosis que nadie habría juzgado como histeria, y descubrí que de esta manera era posible influirlas y aun solucionarlas. Tal me ocurrió, por ejemplo, con las representaciones obsesivas, las auténticas representaciones obsesivas del tipo de Westphal, en casos que por ninguno de sus rasgos recordaban a la histeria. Así, no podía ser patognomónico para la histeria el mecanismo psíquico descubierto en la «Comunicación preliminar»; y no pude resolverme, en aras de él, a arrojar todas esas otras neurosis en el mismo casillero de la histeria. De todas las dudas así instiladas me sacó, por último, el plan de tratar a esas otras neurosis en cuestión como a la histeria, de investigar dondequiera la etiología y la modalidad del mecanismo psíquico, y supeditar a esa indagación el decidir sobre la licitud del diagnóstico de histeria.
Partiendo del método de Breuer, di en ocuparme, pues, de la etiología y el mecanismo de las neurosis en general. Tuve la ventura de llegar en tiempo relativamente breve a unos resultados viables.(ver nota) En primer lugar, se me impuso este discernimiento: hasta donde se podía hablar de una causación por la cual las neurosis fueran adquiridas, la etiología debía buscarse en factores sexuales. A ello se enhebró el hallazgo de que, universalmente, factores sexuales diferentes producían cuadros también diversos de contracción de neurosis. Y entonces, en la medida en que esta última relación se corroboraba, uno podía atreverse a emplear la propia etiología para una caracterización de las neurosis y trazar una sepa. ración nítida entre sus respectivos cuadros clínicos. Ello era lícito en tanto los caracteres etiológicos coincidieran de una manera constante con los clínicos.
De esta manera llegué a la conclusión de que la neurastenia respondía en verdad a un monótono cuadro clínico en el que, como los análisis lo demostraban, no desempeñaba ningún papel un «mecanismo psíquico». De la neurastenia se separó tajantemente la neurosis obsesiva, la neurosis de las auténticas representaciones obsesivas, en la que se pudieron discernir un complejo mecanismo psíquico, una etiología semejante a la histérica y una vasta posibilidad de reducirla mediante psicoterapia. Por otra parte, me pareció a todas luces indicado separar de la neurastenia un complejo de síntomas neuróticos que depende de una etiología por entero diversa, y aun, consideradas las cosas en su raíz, opuesta; al mismo tiempo, los síntomas parciales de ese complejo se mantienen unidos en virtud de un carácter ya discernido por E. Hecker (1893). Son síntomas, o bien equivalentes y rudimentos, de exteriorizaciones de angustia, y por eso he denominado neurosis de angustia a este complejo que cabe separar de la neurastenia. Acerca de ella, he sustentado [Freud, 1895b] que sobreviene por la acumulación de una tensión psíquica que es, por su parte, de origen sexual; tampoco esta neurosis tiene un mecanismo psíquico, pero influye sobre la vida psíquica de una manera bien regular, de suerte que «expectativa angustiada», fobias, hiperestesia hacia dolores etc., se cuentan entre sus exteriorizaciones regulares. Es cierto que esta neurosis de angustia, como yo la entiendo, se superpone parcialmente con la neurosis que bajo el nombre de «hipocondría» suele reconocerse en tantas exposiciones junto a la histeria y la neurastenia; sólo que en ninguna de las elaboraciones ofrecidas hasta hoy puedo juzgar correcto el deslinde de esa neurosis, y hallo que la viabilidad del término «hipocondría» se perjudica por su referencia fija al síntoma del «miedo a la enfermedad». (ver nota)
Después que así me hube fijado los cuadros simples de la neurastenia, la neurosis de angustia y las representaciones obsesivas, abordé la concepción de los casos corrientes de neurosis que entraban en cuenta en el diagnóstico de histeria. Entonces me vi precisado a decir que no corresponde estampar a una neurosis en su totalidad el marbete de «histérica» por el solo hecho de que entre su complejo de síntomas luzca algunos rasgos histéricos. Pude explicarme muy bien esta última práctica por ser la histeria la neurosis más antigua, la mejor conocida y la más llamativa entre las consideradas; no obstante, era una práctica errónea, la misma que había llevado a anotar en la cuenta de la histeria tantos rasgos de perversión y degeneración. Tan pronto como en un caso complicado de degeneración psíquica se descubría un indicio histérico, una anestesia, un ataque característico, se llamaba «histeria» al todo y después, claro está, uno podía reunir bajo esa etiqueta lo más enojoso y lo más contradictorio. Pero si este diagnóstico era, con certeza, incorrecto, con igual certeza uno tenía derecho a trazar separaciones por el lado neurótico, y puesto que uno conocía la neurastenia, la neurosis de angustia, etc., en el estado puro, ya no se debía pasarlas por alto en la combinación.
La siguiente concepción pareció entonces la más justificada: Las más de las veces cabe designar «mixtas» a las neurosis corrientes; es cierto que de la neurastenia y la neurosis de angustia se pueden hallar sin dificultad formas puras, sobre todo en jóvenes. Los casos puros de histeria y de neurosis obsesiva son raros; de ordinario estas dos neurosis se combinan con una neurosis de angustia. El hecho de que unas neurosis mixtas se presenten con tanta frecuencia se debe a la frecuencia con que se contaminan sus factores etiológicos; y ello, a veces sólo por azar, y a veces por los nexos causales entre los procesos de los que fluyen aquellos factores etiológicos de las neurosis. No hay dificultad en desarrollar y comprobar esto en los detalles; ahora bien, respecto de la histeria se sigue que es apenas posible desprenderla, para su consideración aislada, de su trabazón con las neurosis sexuales; por regla general constituye sólo un lado, un aspecto del caso neurótico complicado, y sólo en el caso límite, por así decir, se la puede hallar aislada y tratar como tal. Para una serie de casos es lícito decir: «a potiori fit denominatio».
Las conclusiones de los estudios sobre la histeria se encuentran en la parte teórica de este trabajo de Freud y son más o menos estas:

1 la histeria es de origen ideopática pero no en todos los casos, es decir, hay variaciones importantes.” En nuestra «Comunicación preliminar» creímos poder enunciar algo acerca de este nexo causal, basados en nuestras observaciones. Pero allí introdujimos y aplicamos sin más trámite el concepto de «la excitación que es preciso que sea drenada o abreaccionada». Este concepto, en general de fundamental importancia para nuestro tema y para la doctrina de las neurosis, parece empero demandar y merecer una indagación más detenida.”[13]

2. “La pulsión sexual es por cierto la fuente más poderosa de aumentos de excitación persistentes (Y, como tal, de neurosis); este acrecentamiento de excitación se distribuye de manera en extremo despareja por el sistema nervioso. En sus grados máximos de intensidad, el decurso de la representación es perturbado, y cambiado el valor relativo de las representaciones; en el orgasmo del acto sexual, el pensar se borra casi por completo.”[14]

3. en todos los casos lo que debe comprobarse es la llamada conversión histérica, aquello que hace que un síntoma aparentemente sin causa orgánica comience a ser estimulado psíquicamente. Aquí Freud define el trauma “Llamamos traumas psíquicos a las vivencias que desencadenaron el afecto originario, y cuya excitación fue convertida luego en un fenómeno somático; y designamos síntomas histéricos de origen traumático a los fenómenos patológicos así generados. (La designación de «histeria traumática» ya ha sido aplicada a fenómenos que, como consecuencias de lesiones corporales, traumas en el sentido estricto, constituyen una parte de la «neurosis traumática».)”[15]

4. el principal productor de traumas sexuales es el matrimonio. “El matrimonio trae nuevos traumas sexuales. Es asombroso que la noche de bodas no produzca con más frecuencia efectos patógenos, pues harto a menudo ella no tiene por contenido, desdichadamente, una seducción erótica, sino una violación. De todos modos, no son raras las histerias de señoras jóvenes que se pueden reconducir a ella y que desaparecen cuando, con el paso del tiempo, el goce sexual adviene y el trauma se borra. También en el ulterior trayecto de muchos matrimonios ocurren traumas sexuales. Lo comprobaron en buena profusión aquellos historiales clínicos de cuya publicación debimos desistir: requerimientos perversos del marido, prácticas innaturales, etc. No creo exagerar si asevero que en las mujeres casadas la gran mayoría de las neurosis graves proviene del lecho conyugal”.[16]

Freud comienza a hablar de las neurosis mixtas, para direfenciar la influencia del trauma psíquico y las influencias de exterior. El método continúa siendo el catártico y el tratamiento difiere según se trate de cada tipo de neurosis. A partir de ese momento Freud comienza a separarse de las ideas de Charcot: “Charcot no tomó este camino hacia el esclarecimiento de la histeria, y ello a pesar de que espigó abundantemente en los informes conservados sobre procesos de brujería y de posesión a fin de probar que los fenómenos de la neurosis habían sido en aquel tiempo los mismos que hoy. Trató a la histeria como a cualquier otro tema de la neuropatología, proporcionó la descripción completa de sus fenómenos, demostró en estos una ley y una regla, enseñó a reconocer los síntomas que posibilitaban diagnosticar la histeria. El y sus discípulos emprendieron las más cuidadosas indagaciones sobre las perturbaciones que la histeria produce en la sensibilidad de la piel y los tejidos profundos, la conducta de los órganos sensoriales, las peculiaridades de las contracturas y parálisis histéricas, las perturbaciones tróficas y las alteraciones del metabolismo. Se describieron las múltiples formas del ataque histérico, formulando un esquema que mostraba la articulación típica del gran ataque histérico [«grande Hysterie»] en cuatro estadios, y se recondujeron a ese tipo los ataques «pequeños» comúnmente observados [«petite histérie»]. De igual modo, se estudiaron la situación y frecuencia de las llamadas «zonas histerógenas», su vínculo con los ataques, etc. Y sobre la base de todas estas noticias acerca de la manifestación de la histeria se hizo una serie de sorprendentes descubrimientos; se halló histeria en el sexo masculino, en particular entre los varones de la clase obrera, con una frecuencia que no se habría sospechado, y fue posible convencerse de que pertenecían a la histeria ciertos casos fortuitos que se atribuían al alcohol o al saturnismo; también se pudo subsumir bajo aquella todo un número de afecciones que permanecían aisladas e incomprendidas, así como separar lo propio de la histeria cuando esta neurosis se había conjugado en cuadros complejos con otras afecciones. Y del mayor alcance fueron, sin duda, las investigaciones sobre las afecciones nerviosas sobrevenidas tras graves traumas, las «neurosis traumáticas» cuya concepción hoy todavía se discute y respecto de las cuales Charcot sustentó con éxito su relación con la histeria.”[17]
Ya en neuropsicosis de defensa, expone sus propias ideas y correcciones acerca de la histeria y de la menurosis “Que el complejo sintomático de la histeria, hasta donde conseguimos entenderlo hoy, justifica el supuesto de una escisión de la conciencia con formación de grupos psíquicos separados es cosa que debería ser universalmente aceptada tras los brillantes trabajos de P. Janet, J. Breuer y otros, Menos claras están las opiniones sobre el origen de esa escisión de la conciencia y sobre el papel que ese carácter desempeña en la ensambladura de la neurosis histérica.”[18] Otra modificación: “Si en una persona predispuesta [a la neurosis] no está presente la capacidad convertidora y, no obstante, para defenderse de una representación inconciliable se emprende el divorcio entre ella y su afecto, es fuerza que ese afecto permanezca en el ámbito psíquico. La representación ahora debilitada queda segregada de toda asociación dentro de la conciencia, pero su afecto, liberado, se adhiere a otras representaciones, en sí no inconciliables, que en virtud de este «enlace falso» devienen representaciones obsesivas. He ahí, en pocas palabras, la teoría psicológica de las representaciones obsesivas y fobias, de que hablé al comienzo.”[19]. Luegoincluye dentro de las neuropsicosis de defensa a las histéricas y las mixtas: “La aparición simultánea de fobias y síntomas histéricos, que tan a menudo se observa in praxi, es justamente uno de los factores que dificultan una separación tajante de la histeria respecto de otras neurosis, y fuerzan a postular las «neurosis mixtas». Es cierto que la confusión alucinatoria no suele ser compatible con la persistencia de la histeria, y por regla general tampoco con la de las representaciones obsesivas. En cambio, no es raro que una psicosis de defensa interrumpa episódicamente la trayectoria de una neurosis histérica o mixta”[20].
Sin embargo, hasta este momento, Freud no abandona las tesis sobre las neurosis de angustia, y les dedica dos jugosos textos. Freud lija sus ideas sobre la influencia de las corrientes sexuales y familiares en la etiología de las neurosis. En las nuevas puntualuizaciones sobre las neuropsicosis de defensa, Dice: “…en mi primera comunicación sobre las neurosis de defensa quedó sin esclarecer cómo el afán de la persona hasta ese momento sana por olvidar una de aquellas vivencias traumáticas podía tener por resultado que se alcanzara realmente la represión deliberada y, con ello, se abriesen las puertas a la neurosis de defensa. Ello no podía deberse a la naturaleza de la vivencia, pues otras personas permanecían sanas a despecho de idénticas ocasiones. No era posible entonces explicar cabalmente la histeria a partir del efecto del trauma; debía admitirse que la aptitud para la reacción histérica existía ya antes de este. Ahora bien, tal predisposición histérica indeterminada puede remplazarse enteramente o en parte por el efecto póstumo {posthume} del trauma infantil sexual. Sólo consiguen «reprimir» el recuerdo de una vivencia sexual penosa de la edad madura aquellas personas en quienes esa vivencia es capaz de poner en vigor la huella mnérnica de un trauma infantil”[21]. Y continúa diciendo: “Las representaciones obsesivas tienen de igual modo por premisa una vivencia sexual infantil (pero de otra naturaleza que en la histeria). La etiología de las dos neuropsicosis de defensa presenta el siguiente nexo con la etiología de las dos neurosis simples, la neurastenia y la neurosis de angustia. Estas dos últimas son efectos inmediatos de las noxas sexuales mismas, según lo expuse en 1895 en un ensayo sobre la neurosis de angustia; y las dos neurosis de defensa son consecuencias mediatas de influjos nocivos sexuales que sobrevinieron antes del ingreso en la madurez sexual, o sea, consecuencias de las huellas mnémicas psíquicas de estas noxas. Las causas actuales productoras de neurastenia y neurosis de angustia desempeñan a menudo, simultáneamente, el papel de causas suscitadoras de las neurosis de defensa; por otro lado, las causas específicas de la neurosis de defensa, los traumas infantiles, establecen al mismo tiempo el fundamento para la neurastenia que se desarrollará luego. Por último, tampoco es raro el caso de que una neurastenia o una neurosis de angustia no sean mantenidas por influjos nocivos sexuales actuales, sino sólo por el continuado recuerdo de traumas infantiles.”[22]
Hasta que finalmente llega La interpretación de los sueños.


Parte 2

La discusión clínica: Freud y Lacan


Diferencias neurosis, psicosis y perversión

“Condición para que haya psicosis en lugar de neurosis (es decir, amentia o psicosis confusional, psicosis de avasallamiento, como la he descrito antes) parece ser que se produzca un abuso sexual antes del primer término {plazo} intelectual, o sea antes que el aparato psíquico esté terminado en su primera forma (antes de los quince meses, o del año y medio). Eventualmente, que el abuso sea tan temprano que tras las vivencias posteriores se escondan todavía estas, a las que de tiempo en tiempo se puede recurrir. Opino que a este mismo período corresponde la epilepsia”[23].

La única definición que Freud mismo encuentra es la siguiente, que quizá resultará sorprendente para algunos de ustedes. También el histérico o el neurótico obsesivo al igual que el psicótico, en tanto la influencia de la enfermedad los domina, pierden su relación con la realidad y, sin embargo, el análisis nos demuestra que no han roto su relación erótica con las personas y las cosas. La conservan en su fantasma, esto es, han sustituido los objetos reales por otros imaginarios basados en recuerdos o han mezclado ambos[24].

“En el desconocimiento, la negativa, la barrera que el neurótico opone a la realidad comprobamos que recurre a la fantasía. Hay aquí función y en el vocabulario de Freud, esto no puede remitir sino al registro imaginario. Sabemos hasta qué punto las personas y las cosas del entorno del neurótico cambian totalmente de valor, y lo hacen en relación a una función que nada nos impide llamar imaginaria, sin ir más allá de su uso común en el lenguaje. Imaginaria se refiere aquí, primero, a la relación del sujeto con sus identificaciones formadoras, éste es el pleno sentido del término imagen en análisis; segundo, a la relación del sujeto con lo real, cuya característica es la de ser ilusoria: es éste el aspecto de la función imaginaria destacado más frecuentemente. Ahora bien, con razón o sin ella, poco importa por el momento, Freud señala que en la psicosis no sucede nada semejante. Cuando el sujeto psicótico pierde la realización de lo real no vuelve a encontrar ninguna sustitución imaginaria. Esto es lo que lo distingue del neurótico”[25]. Freud niega al psicótico el acceso a lo imaginario tal como lo hace el neorótico, con sus sueños, con sus síntomas.


Parte 3

La histeria en la etiología de las neurosis


Ahora bien, es probable que la elección de neurosis, la decisión sobre si se genera una histeria, una neurosis obsesiva o una paranoia, dependa de la naturaleza de la oleada (es decir, de su deslinde en el tiempo) que posibilita la represión, o sea, que muda una fuente de placer interior en una de asco interior[26].

“Quizás haya logrado, no hace mucho, una primera visión de una cosa nueva. Se me enfrenta como problema el de la «elección de neurosis». ¿Cuándo un ser humano se vuelve histérico en lugar de paranoico? Un primer y burdo intento, de la época en que yo quería conquistar la ciudadela por la fuerza, rezaba: Ello depende de la edad en que ocurrieron los traumas sexuales, de la edad que se tenía al vivenciar. Hace tiempo he abandonado esto, y luego permanecí sin vislumbre alguna hasta hace pocos días, cuando se me reveló un nexo con la teoría sexual. Entre los estratos de lo sexual, el inferior es el autoerotismo, que renuncia a una meta psicosexual y sólo reclama la sensación localmente satisfactoria. Es relevado luego por el aloerotismo (homo y heteroerotismo), pero por cierto que persiste como una corriente particular. La histeria (y su variedad, la neurosis obsesiva) es aloerótica, su vía principal es la identificación con la persona amada. La paranoia vuelve a disolver la identificación, restablece a todas las personas amadas de la infancia que habían sido abandonadas (véanse mis elucidaciones sobre los sueños de exhibición) y resuelve al yo mismo en unas personas ajenas. Así, he dado en considerar la paranoia como un asalto de la corriente autoerótica, como un retroceso al punto de vista de entonces. La perversión que le corresponde sería la llamada «insanía idiopática». Los particulares vínculos del autoerotismo con el «yo» originario iluminarían bien el carácter de esta neurosis. En este punto vuelven a perderse los hilos[27].

el método catártico rinde todo lo que se le puede exigir, pues el médico no pretenderá alterar una constitución como la histérica; tiene que darse por contento si elimina el padecer al cual es proclive esa constitución y que puede surgir de ella con la cooperación de condiciones externas. Se dará por contento si el enfermo ha recuperado su productividad. Por otra parte, ello no le quita todo consuelo en cuanto al futuro, por lo que atañe a la posibilidad de una recidiva. Conoce este carácter rector en la etiología de las neurosis: que su génesis las más de las veces está sobredeterminada, es preciso que varios factores se conjuguen para ello; tiene permitido esperar que esa conjugación no haya de sobrevenir enseguida otra vez, por más que algunos de los factores etiológicos permanezcan vigentes”[28]





[1] Freud, S., Informe sobre mis estudios en Paris y Berlin, (1886), Vol I, AE
[2] Freud, S., Histeria, (1888), Vol I, AE
[3] Freud, S., Fragmentos de la correspondencia con Fliess, (1888), Vol I, AE
[4] Freud, S., Fragmentos de la correspondencia con Fliess, (1888), Vol I, AE
[5] Freud, S., Manuscrito K, (1896), Vol I, AE
[6] Freud, S., Carta 61, (1987), Vol I, AE
[7] Freud, S., Fragmentos de la correspondencia con Fliess, Carta 69 (1897), Vol I, AE
[8] En efecto, Lacan dice que la correspondencia con Fliess “es” un psicoanálisis.
[9] Ob. Cit.
[10] Freud, S., Sobre el mecanismo psíquico de fenómenos histéricos: comunicación preliminar. (Breuer y Freud) (1893), Vol II, AE
[11] Freud, S., Estudios sobre la histeria  (1893 - 95), Vol II, AE
[12] Ob cit.
[13] Estudios sobre la histeria…
[14] idem
[15] idem
[16] Idem
[17] Charcot, vol III
[18] neuropsicosis de defensa
[19] idem
[20] idem
[21] nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa
[22] idem
[23] Freud, S., Fragmentos de la correspondencia con Fliess, Carta 55 (1897), Vol I, AE
[24] Seminario 1, clase 8
[25] seminario 1, clase 9
[26] Freud, S., Fragmentos de la correspondencia con Fliess, Carta 75 (1897), Vol I, AE
[27] Freud, S., Fragmentos de la correspondencia con Fliess, Carta 125 (1897), Vol I, AE
[28] sobre psicoterapia de la histeria

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