A Ruben Juarez, in memoriam A menudo he pensado que mi vida es como el gallito ciego. Alguien, me tapa los ojos y me marea un poco. Nunca es tanto como para que no pueda jugar. Yo finjo secretamente mayor mareo, tratando de engañar a los que me engañan, sabiendo que el que engaña primero, engaña oficialmente. Asi las cosas, pero asi y todo, no me resisto. Elijo jugar. Dejo que me den las luces de adentro de los ojos y las vueltas y vueltas ciego que sean necesarias. Primero para un lado y luego para el otro, al menos uno sabe eso. Y entonces, una vez en ese estado, salgo. No digo la menor cosa. Solo tengo que estirar los brazos y las manos. Voy debil hacia el otro como un bebe que aprende a caminar, con ese coraje, con el llanto en la boca y con el recuerdo de mi madre. Intento andar. Fallo. Recorro un territorio inverosimil. Vuelvo a fallar. No importa, sigo. Camino, en esa maromba, deslizando los pies por el piso para zafar de undirme como una ballena. Transito como tanteando pa...
Una idea mía que nació sin forma y actualmente, no tiene forma