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Mostrando las entradas etiquetadas como E. Vila Matas

Vila-Matas

Conocí (Leí) a Enrique Vila-Matas creo que cerca del 2008, cuando llegó a mis manos, también sobre un fin de año, el libro "Exploradores del Abismo". Este trabajo, de relatos relativamente cortos, algunos muy cortos, me pareció fascinante. Lo leí también de un tirón en ese verano, y su nombre me quedó grabado, como así también su estilo. En particular su capacidad de hablar de ciertas cosas o de tocar ciertos temas (como la muerte, la tristeza, la soledad, el vacío, el desamor, las tramas familiares, etc) de una manera sin igual. Incluso el lenguaje, o la comunicación (que no existe) son aspectos que se ven claramente figurarse en su prosa. Me parece maravilloso eso. Sin decirlo explícitamente, el relato va conduciendo hacia eso, y la interpretación va quedando de nuestro lado, como lectores, en mi caso, azorado. En Exploradores ..., la palabra abismo circula por todo el libro con múltiples acepciones. (sospecho la predilección de este hombre por los abismos, como Borges por...

VIDA DE POETA, E. Vila Matas (en Exploradores del abismo), Barcelona, Anagrama Narrativas hispánicas, 2007

No olvidaré nunca aquella  visita a Ronda. Fui, de adolescente, con mis padres y hermanos,  en uno de esos viajes familiares, tan habituales de la década de los sesenta. Eran años en los que el país empezaba a prosperar económicamente y las familias de clase media, como la mía, se compraban modestos automóviles y se lanzaban a un tímido turismo por tierras de Portugal y España. No olvidaré la visita a Ronda, donde vivía un tío lejano que era familia de mi madre. Se trataba de un hombre enjuto y reflexivo,  viejo republicano, profesor en un instituto de la ciudad, un hombre con un discurso pavorosamente anticuado, muy acartonado. La familia decía que llevaba vida de poeta. Parecía obsesionado por la poesía de Rilke, y mis padres y hermanos le escuchaban con extrañeza. A nosotros no nos interesaba la poesía, salíamos de una difícil  lucha por la supervivencia pura y dura y no estábamos para florituras ni locuras. El poeta, con su aire añejo y su discurso arcaico, ...